Ningún preludio, sea de lo que fuere, podrá contra nadie por la fortaleza que habita en cada uno de nosotros.
Preludio Siniestro
Se partirá el alma, cuando lleguen esas palabras.
Se irá la vida, si se dice con ira.
Aquellas maravillosas horas,
Aquellos maravillosos días,
Todo se irá en una leve brisa con el viento.
Y no, no volverán. Nunca más.
Nacemos cuando vivimos,
Vivimos cuando recordamos
Y fenecemos al tiempo que olvidamos.
Las luces se apagan, y cada destello de luna
Preside el ambiente; blanca, blanca perla,
Como la de la gran dama. La Gran Señora.
La que llegará, e imploro en este triste cantar,
Que no sea pronto, que no sea ya.
Que de media vuelta y mire hacia atrás.
Que no llegue, que se marche y no vuelva más.
Con un toque de rojo en su manto,
Símbolo de su poder milenario, eterno.
Nadie, y nadie escapará a su poder.
Porque aquellas palabras, las últimas,
Sí, esas no volverán.
Nos quedará el recuerdo, nos quedará…
Hasta el momento de la partida.
En la que todos recibiremos a la Gran Dama.
A la gran Señora. La única realidad
De este mundo transitorio de vida fluida.
Aún esta, aún esta. Y hasta su llegada,
Más tiempo pasará, más vida tendrá.
Más horas, más minutos y más segundos.
De los que el soplo de aire, y el feliz cantar
De la alondra sea diestro. Sin más pesar.
Llorarán los ojos, sentirá el corazón,
Mirará perdida la mirada. Pero el consuelo,
La eternidad.
Hasta el momento, hasta ese instante,
Alimentará el recuerdo cual planta perfecta
De cuadros perfectos. Y estos, por mucho
Que suceda o haga, nunca, nunca se irán.


0 comentarios:
Publicar un comentario