La verdad eterna

Aquí, una vez más, uno de mis escritos...
La verdad, ante todo, siempre ha de prevalecer. Los valores que se nos inculcan son transcendentales para adoptar una postura respecto a todos las grandes cuestiones que se nos plantean en el día a día de nuestra vida. Es incomprensible para la mente humana que razona, piensa y ejecuta estos valores, que en un momento surja una idea contraria a este ideal. Esta notable contrariedad respecto a lo que vemos, opinamos y a lo que estamos acostumbrados, se manifiesta en muchas ocasiones con un profundo rechazo hacia la persona que lo aplica y la propia idea.
Este rechazo, no es sino fruto impío de la ignorancia de la mente cerrada a nuevas ideas. A lo largo de la historia, se han visto casos en los que se ha llegado hasta un punto, en los que se ha obligado a una transición de ideales prácticos. La Revolución Francesa, por ejemplo, es el detonante que nos ha hecho llegar hasta el mundo actual. Libre, democráticos y sobre todo con una serie de ideas que antes no teníamos. 
Es irrelevante que una persona opine igual o diferente a otra. De hecho, perderíamos nuestra esencia, la razón, si no o hiciéramos. 
¿ Quién dice la verdad? ¿Quién la tiene?...
Son, sin duda alguna, preguntas que no podemos responder. Todas nuestras manifestaciones hacia este tema, son subjetivas, influidas por nuestro ideal propio.
Por tanto, no puede llegarse y nunca se llegará a un consenso universal. Se puede obtener uno mayoritario, pero imposible uno universal, en que todos, absolutamente todos, estén de acuerdo.
Por eso, hemos de aplaudir a la humanidad, pues nunca encontrará mayor distinción de otras criaturas. Podemos pensar, podemos reflexionar y cuestionarnos todo lo que nos rodea. 
Es importante que lo hagamos, aunque en busca de nuestra verdad, nos encontremos con el deprecio de la gente, del horror de la vergüenza de que nos tachen de mentirosos; lo que cada uno cree, es sagrado.
Los templos de nuestros ideales están sentados bajo los pilares de lo que creemos verdad, siempre que no hagamos daño a otros con ese ideal, buscando un equilibrio y sobre todo, respetando la libertad de pensamiento, podemos creer en nuestra verdad. Aunque sea o no la real, es nuestra. Es mejor tener algo en lo que creer, que no tener nada, y sentir ese vacío.
Buscamos la verdad, pero no sabemos si lo es o no, llegará un día en el que lo descubriremos. Hasta entonces, hemos de esperar con lo que tenemos. 
"La búsqueda de a verdad, es eterna, como lo es el ser humano."
Os dejo con Brahms, quien compuso esta sinfonía en 14 años, al escucharla, se nota claramente, que no desperdició un solo instante...
Gracias a mis lectores por seguir este espacio. Siempre, para vosotros.

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