Hoy, traigo algo nuevo. La magia de la mañana... del comienzo, y de su conmemoración...

Serenata
Una nota en el aire se estremecía. Un rayo de sol se asomaba a lo lejos, anunciando el alba. Intenso, cada vez era más intenso.
Preludio eterno del nacimiento, de la vida, de lo más bello…
La melodía se imita, una y otra vez. Descansado en el paraje inhóspito del paraíso. Asentándose en la colina más aleja del mar, donde ha de estar, centrada… huye hacía su mundo, en el que lo tiene todo. Donde no necesita de nadie, donde es él; y sólo él… nadie más.
Descanse el alma tranquila, víctima del silencio; ayuda de la tranquilidad, sentenciada por la felicidad.
Es una bella melodía. A prisa, a prisa, que viene. Sorpresa!...
En su mundo, en su vida; nace un nuevo día… la mañana que siempre irradia con su ser. Que es sol más que luna, que cuando ha de ser luna, lo es; y si no brilla para cada uno con su luz.
Luz eterna del paraíso inhóspito que es la vida. Centrándose en su melodía, compone nuevas tardes; borra antiguas noches, alegra el alba y espanta la alondra, pues no la necesita… Luz diestra, testigo del día, de la nueva mañana, del nuevo comenzar.

Grita, testigo del nacimiento, que cada año de conmemora; cuando nació el sol, despertó la luna, los árboles cantaban, las nubes cuidaban de él. Los ríos lo bañaban, los peces jugaban; los pájaros cantaban y los hombres lloraban con emotivos sentimientos. Un nuevo amanecer comenzaba. Una nueva vida empezaba. Un cantar infinito, lleno de alegría despertaba. Un silencio que se ahoga, y la luz que no se apaga…
Dentro de mí, de ti, nuestro; mío, suyo…
Dejo, la música que ha inspirado estas palabras... La Serenata de Schubert. Un genio, sin duda.

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